Ayer justamente me acordaba de Medusa y me preguntaba por Perseo. ¿Perseo, Perseo dónde estás que no te veo? Pero lo encontré, ahí estaba en un cajón olvidado, así es que lo rescate y lo traje de visita. Por favor queridos amigos, no miren fijo a la señora, a menos que quieran seguir la suerte de tantos pobres diablos.

Según se cuenta en el mito, Perseo, hijo de Zeus y de la Mortal Dánae, fue uno de los grandes heroicos semidioses de la Mitología Griega. Cuando un Oráculo advirtió a Acrisio, Rey de Argos y padre de Dánae, que su nieto lo mataría, encerró a su hija en una torre de bronce para que ella no concibiera hijos, sin embargo, Zeus deseaba a Dánae, como sólo Zeus era capaz de hacerlo, de prepo y a la fuerza. Ya hemos hablado anteriormente de Zeus, en la Vida es Arte. No dejaba títere con cabeza, y cuando se le metía alguien entre ceja y ceja, no había nada ni nadie que le impidiera satisfacer sus instintos, los bajos, los altos y los del medio tambien, así que usando una de sus estrategias, la visitó en forma de lluvia de Oro, que tan bien representó nuestro idolatrado Klimt, en su versión de Danae, que podrás encontrar en la página de La Vida es Arte.
Pues bien Zeus consiguió lo que buscaba y así, Danae salió embarazada de Perseo.

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Cuando el bebé nació, Acrisio no lo podía creer, ¿como había pasado ésto? Estaba en shock por el recién nacido, pero, ante la duda y sin mucha demora, hizo que Dánae y el Bebé fueran encerrados en una enorme caja y los arrojó sin más trámite al mar, para que así desaparecieran y la profecía no pudiera cumplirse. Zeus atento a lo que sucedía, para eso era un dios que tanto, los rescató y llevó a la Isla de Sérifos donde Dánae y Perseo fueron protegidos por el Rey Dictis.
Perseo creció junto a su madre y el Rey, sin embargo nubes de tormenta de acercaban por el horizonte; Polidectes, un rey malvado, se enamoró de Dánae, pero antes, debía deshacerse de Perseo que cuidaba celosamente de su Madre. Como excusa para quitárselo de encima, le dijo que Mamá sería sacrificada, si no le traía la Cabeza de Medusa. Algo imposible para cualquiera, dada a la horripilante historia detrás de la Gorgona y a su peligrosa maldición: aquel que la viera, se convertiría en Piedra. Perseo, para salvar a su madre, valientemente comenzó su viaje hacia la morada de las Gorgonas. Cuando los Dioses se enteraron de la travesía, decidieron ayudarlo: Atenea le entregó su escudo para que, usándolo como espejo, pudiera evadir directamente la mirada de Medusa; Hades le dió un Casco, para que fuera invisible en el momento de usarlo; Hermes, unas sandalias con alas, para poder volar y moverse ágilmente; Las Ninfas, un saco especial para poder llevar la Cabeza de Medusa; y Hefesto el gran dios herrero, una poderosa espada.
Atenea le advirtió que evitara mirar directamente a Medusa, ya que al momento de verla, perecería. Usa el reflejo del escudo en cambio, le dijo, y por último, busca a las Tres Gorgonas, bien al Norte de África, para que te revelen la ubicación de Medusa.

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Cuando Perseo llegó, les robó su ojo a las Brujas Gorgonas y las obligó a decirle el camino para llegar a Medusa. Ellas aceptaron, no les quedaba otra, y el ojo fue arrojado al agua para que no pudiesen advertir a nadie de sus intenciones. Preparado y armado con los regalos de los dioses, Perseo emprendió viaje hasta el hogar de las otras Gorgonas junto al Océano. Cuando llegó, sigilosamente pudo observar que las otras Tres Hermanas de Medusa estaban durmiendo. Cuidadosamente Perseo pasó delante de ellas y sin perder de vista a Medusa, usó su escudo como espejo para no tener que mirarla directamente. Cuando ya tuvo la oportunidad adecuada, con un movimiento rápido de su espada, cortó la cabeza llena de serpientes de Medusa, la puso en el saco rápidamente y se encaminó hacia su hogar.

De la sangre derramada por Medusa, nacieron el monstruo Crisaor y el caballo alado Pegaso. Que a partir de ese momento fue parte de sus aventuras. En medio de su viaje, Perseo se encontró con el titán Atlas, a quien se presentó como hijo de Zeus. Perseo no fue bien recibido por él ya que un oráculo le dijo a Atlas que un hijo de Zeus le robaría las manzanas del jardín de las Hespérides. Así que Atlas adoptó una postura amenazante, aunque Perseo rápidamente en su defensa le mostró la cabeza de Medusa y lo convirtió en piedra. Así, Atlas se convirtió en la cadena montañosa que conocemos con ese nombre.

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Regresando a su camino, Perseo vio a una bella doncella llamada Andrómeda, encadenada a una roca que había en la playa. Ella esperaba su muerte a manos de un terrible Monstruo marino ya que su madre Casiopea, había ofendido a los dioses y de esa manera, lograría el perdón. Conmovido por su situación y belleza, Perseo la liberó y convirtió al Monstruo en Piedra nuevamente con ayuda de la cabeza de Medusa. Finalmente Perseo regresó a su Hogar junto con Andromeda, su Madre no estaba. Había huido del Rey Polidectes y estaba refugiada en el templo de Atenea.

Una vez más, Perseo usó la cabeza de Medusa y la sostuvo en el aire para convertir a todos los enemigos de su Madre en piedra. Una vez libres de todos ellos y del tirano Rey, Perseo entregó la cabeza a Atenea y ella, la montó en su escudo convirtiéndola en su Emblema. Perseo también devolvió todos los regalos a los dioses y así nuestro héroe y Andrómeda vivieron en paz y armonía por mucho tiempo y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco con fuerza que impulsado por una ráfaga azarosa de viento, accidentalmente golpeó y mató a un Anciano. Este anciano no era ni más ni menos que Acrisio, el abuelo de Perseo, y padre de Dánae. Al final, el destino llegó de la forma más inesperada y se cumplió lo que el oráculo había predicho, algo que el difunto Rey se había esforzado tanto por evitar.

Perseo no tenia ningún rencor o deseo de venganza y, debido a esta muerte accidental, no quiso seguir gobernando su legítimo Reino. Como consecuencia, intercambió los reinos con su vecino el rey Argos, y construyó una ciudad poderosa llamada "Micenas", en la que vivió largo tiempo con su familia en paz y armonía.
La escultura representa el momento en el que Perseo ha cortado la cabeza de Medusa de la que aún brota sangre y salen serpientes mientras su cuerpo se retuerce bajo sus pies. En su mano porta la espada con la que ha ejecutado la acción.

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La obra muestra una brutal tensión y un desgarramiento pasional muy propio de ese estilo, lo que se manifiesta de una forma muy clara en la exagerada musculatura del personaje. De alguna forma, es un buen ejemplo de cómo la armonía de la escultura clasicista de las décadas anteriores, iniciada por artistas de la talla de Lorenzo Ghiberti, estaba desapareciendo. El artista para su representación huye de las formas de la belleza clásica basada en el equilibrio, la serenidad y la claridad de las formas.
Tanto como la musculatura, se exagera el gesto de Perseo, al igual que en el rostro de la cabeza decapitada de la medusa. Y aún siendo transgresor, el arte de Cellini se basa en la tradición escultórica de Florencia, y más concretamente en uno de sus escultores más prestigiosos. De hecho, toma como modelo tanto el David como la Judith de Donatello. Y por cierto, ésta última, está situada en la misma plaza donde se ubica el Perseo, en la piazza della Signoria de Florencia. Y mientras Judith está ante la fachada del Ayuntamiento de la ciudad, el Perseo de Cellini se coloca en la Loggia dei Lanzi, a escasos metros.
Hay una gran diferencia entre estas obras, Cellini busca múltiples puntos de vista para su escultura. Tanto es así que se puede rodear, y se mire por donde se mire la obra es bellísima y siempre transmite la violencia del momento representado. Para lograr ese efecto, el artista realizó números modelos previos, conservados en el museo florentino del Bargello.

Su expresión es aún clásica pues su rostro con las cejas fruncidas muestra una emoción contenida o casi despectiva del cuerpo de su enemiga, sin embargo ya no se representa el momento de la reflexión, sino que lo que está representado es la acción ya realizada, con rasgos novedosos como el efectismo de la cabeza de Medusa con los ojos semicerrados y la boca entreabierta, que permite ver sus dientes separados y la sangre que aún cae de su cuello a la vez que las serpientes serpentean huyendo de la escena.
Esta escultura, se encuentra en la plaza de la Signoria situada junto con David de Miguel Ángel, Judith y Holofermes de Donatello, su autor, Cellini, nació en Florencia y tuvo una vida azarosa, su carácter pendenciero le llevó a cometer incluso asesinatos, además tenía una acentuada egolatría como se manifiesta en la nuca de Perseo o en una cinta que atraviesa su pecho.

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Y como dije al comienzo: ¿Perseo, Perseo, dónde estás que no te veo?. Pues Perseo, terminó su aventura en el cielo, como tantos otros héroes y dioses de la antigüedad. Es una de las constelaciones más grandes visibles en el hemisferio norte. La constelación es más conocida por su lluvia anual de meteoritos: Las Perseidas, y se puede reconocer a nuestro héroe, sosteniendo la cabeza de Medusa en una mano y la espada con joyas en la otra. La cabeza de Gorgona está representada por la famosa estrella variable Algol, Beta Persei.
Perseo y Andrómeda se encuentran uno al lado del otro, con sus padres Cefeo y Casiopea, custodiándolos de cerca. Cetus, el monstruo marino, brilla también en las profundidades del espacio, al igual que el noble Pegaso, el caballo alado y fiel compañero de aventuras, que paradójicamente nació de la sangre de la Gorgona Medusa, su madre, cuando Perseo le cortó la cabeza.


La Obra
Perseo con la cabeza de Medusa
Artista: Benvenuto Cellini
Dimensiones: 3,20 m; (5,20 m con el pedestal)
Fecha de creación: 1545
Ubicacion: Piazza della Signoria, Firenze FIorencia, Italia