Desde pequeña, fui instruida en las artes y las ciencias. Mi padre, un comerciante de éxito, se aseguraba de que tuviera acceso a los mejores tutores. Aprendí a tocar la lira y a recitar a los poetas clásicos. Mi madre, por otro lado, me enseñó las virtudes de la paciencia y la obediencia, cualidades que serían puestas a prueba a lo largo de mi vida.
A los dieciséis años, mi padre anunció que había arreglado mi matrimonio con Lysias, un joven de una familia influyente de nuestra ciudad.
Mi vida cambió en un abrir y cerrar de ojos, en una noche que comenzó con calma y terminó en un abismo de desesperación. Vivía en una tranquila villa cerca de Atenas, una vida sencilla pero llena de pequeñas alegrías. Mis días transcurrían entre el trabajo en el hogar y el campo, acompañada de mi familia y los vecinos. La paz que conocía se desmoronó la noche que los piratas llegaron.
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